lunes, 9 de enero de 2017

Amigos de cine

Pues en aquel salón en una esquina estaba el frigorífico y en otra la tele.

Me chiflaba el cine, no es que me gustara, es que me chiflaba: las comedias, los dramas, los musicales, todo.

A mi padre también le gustaba y había visto bastante cine así que cuando ponían una película por la noche, que entonces sólo había dos cadenas, pues muchas veces las había visto ya. Y esto era importante para mí porque en aquellos tiempos las películas eran calificadas con un rombo las que eran para mayores de catorce años, con dos rombos para los mayores de dieciocho años y el resto para todos los públicos.

Y yo tendría ocho, diez, doce años. Una jodienda.

Mi padre me dejaba ver aquellas que él consideraba que no tenían problema. Las de un rombo era prácticamente seguro que las iba a poder ver, no así con las de dos rombos, ahí me la jugaba y esperaba expectante, pero mucho, a ver que iba a pasar conmigo la noche de turno. Él lo sabía y me dejaba ver bastantes pero alguna vez no:“no, ésta no, ésta no, ya verás otra...” Y recuerdo llorar de la emoción cuando el resultado era un sí. ¡Madre mía! ¡Qué exageraica era! ¡Menudo trabajo tendría el pobre para decirme que no!

Y luego, ¡a disfrutarlas! Comentábamos las escenas, nos reíamos y de vez en cuando hacía comentarios de los directores y de los actores. Y yo por aquellos entonces, cuando me preguntaban qué quería ser de mayor, ¿qué iba a querer ser?: ¡pues actriz!




No recuerdo el momento en que nos conocimos, hablo de Gillermo, no de mi padre (perdón por la tontería). El primer momento que recuerdo de su persona fue bañándonos en una piscina una tarde de verano de hace muchísimo tiempo, yo tenía diecinueve años y charlabamos dentro del agua. Como yo no hacía pie estaba subida en una hilera de boyas intentando de todas las formas y movimientos posibles mantener el equilibrio a la par que hablábamos de esto y de lo otro. Estaba estudiando cine y entre sus proyectos estaba el dirigir cortos y películas:
  • ¿Me vas a sacar en una película? - le pregunté sin poderme resistir.
  • Sí - me contesto.
Y ya no pudimos seguir la conversación porque, definitivamente, perdí el equilibrio (y en qué momentito) y me caí de espaldas, hacia atrás, dándome un capuzón de lo más ridículo. Ay, señor.
Bueno, mientras estaba completamente sumergida en el agua me dio tiempo a que me diera vergüenza salir y a pensar en la cara con la que me encontraría a Guillermo cuando toda yo emergiera: “Ya veremos la cara que tiene éste ahora...”




Pues no, no se estaba riendo, tampoco estaba serio, estaba natural, educado, y yo le agradecí en mis adentros que no se riera de aquella escena que no era para otra cosa. Ahora sí que me río y, cuando alguna vez lo hemos comentado, él también, pero en ese momento, no, no se rió. Y seguimos con lo de la película pero no me acuerdo. Cómica, desde luego, digo yo que pensaría él y pienso yo, habría tenido que ser una película cómica a tenor de aquellos hechos.

Bueno. Luego nuestras familias veranearon en el mismo lugar, en El Pequeño Azul, y allí nos veíamos después de cenar que quedábamos para ir a bailar. No lo baílabamos todo, éramos un poco sibaritas pero desde luego, antes o después saltábamos a la pista; en el fondo esperábamos que el DJ pusiera a Bowie o a Madness, cuando escuchábamos los primeros sones nos faltaba tiempo para subir a aquella pérgola que hacía de pista de baile.

Y luego vinieron tiempos difíciles, complicados, y pasaron temporadas muy largas de todo tipo. Algunas temporadas vivía en la ciudad y otras no pero antes o después acabábamos viéndonos, junto con Moh y con Jazmín, fuera donde fuera. Y sigue siendo así.

Y hemos visto películas juntos, muchas, de todos los géneros y de todas las épocas y de directores muy diferentes. Veíamos esto y veíamos lo otro pero de vez en cuando nos dábamos el gusto de un superclásico, ahí no había problemas para decidir qué se veía aquella tarde: Howard Hawks, Lubitsch (que fue todo un maravilloso descubrimiento)....y John Ford. ¡Su John Ford! ¡Madre mía! y recuerdo hablar sobre El hombre tranquilo, y de decidir verla otra vez, porque yo no sé la de veces que cada uno la habría visto por su cuenta pero daba igual, así que un buen día nos la volvimos a zampar con devoción compartida. Y Kiarostami, y Woody Allen, de los que unos preferíamos unas y otros, otras pero al final había acuerdo, y de Rohmer, otro del que también nos vimos una cuantas en aquellos 90: que si El rayo verde - muy bonita pero mucho más aún, me parece, la novela, que leerla de primeras, sin saber nada, sin conocer la película, debe ser una maravilla, digo yo, y conociendo la película, también- que si los Cuentos, que se prestaban a la elección con aquello de las estaciones. Recuerdo Cuento de invierno, los personajes me parecían espantosos, por momentos eran más y más insoportables y, sin embargo, la película era tan alegre y tan bonita que se te olvidaba lo mal que te caían. Y más cuentos, está también en mi memoria una tarde que Guillermo apareció por casa con una película de un director japonés, Ozu, yo no lo conocía, la película era Cuentos de Tokio, qué preciosidad.





Ya no veo cine. Se llevaron las salas a las afueras, a los centros comerciales. ¡Puf! Y las poquísimas que dejaron sólo aguantan las películas unos días. Y el estrés de la puñeta. Tampoco me han vuelto loca las pocas películas que he visto de los últimos tiempos, en realidad de hace varios años, pero hay cosas que están muy bien. Ea, estaría bien volver a la antigua pasión. No lo entiendo, hay épocas, a veces enormemente largas, en las que, y hablo por mí, se abandona el leer, el escuchar música, el cine o lo que sea. La verdad es que todo esto forma parte de la vida, la vida se reduce mucho sin ello: “actuamos como si fuésemos eternos” me dijo un día Alfonso, ya sé que me pongo demasiado trascendente pero es la frase que me ha venido a la cabeza, yo me creo que en cualquier momento voy a sacar tiempo y voy a “ponerme al día” con todas estas cosas. ¡ Jolines, sí!

Un día le dije a Guillermo: “Hazme una lista de los diez libros, los diez discos y las diez películas que más te han gustado” y pensé en hacer lo mismo con el resto de amigos. Creo que voy a reducir el número a cinco, la selección será magnífica, eso ahorra mucho y es un disfrute compartir lo que más han disfrutado ellos.

Pues este mes de julio vino a la ciudad. Y fui a verlo a casa de nuestros familiares; llegué tarde y con sueño, él atendía sus quehaceres y yo hojeaba un catálogo que había traído de una exposición que había visto en Madrid. Me llamó la atención una pintura, el rostro allí plasmado, y se lo dije, y entonces empezó a hablarme del autor, y luego de otros, y lo mismo saltamos de la pintura a la literatura que al revés, y yo le preguntaba y me sintetizó fantásticamente bien el naturalismo, el costumbrismo y otros movimientos artísticos. Mientras él hablaba yo recordaba (ya se me ha vuelto a olvidar), asimililaba cosas nuevas y seguía preguntado. Hablábamos como la gente lo hacía antes, sin prisas, plácidamente.



                                         Fragmento de «San José carpintero», Georges de La Tour


- ¿Te quedas a comer?
-  Sí. 

Y, ¡Madre de Dios!, ¡para qué hablaríamos de política! Discutimos y discutimos, pero yo no podía discutir, él me decía que argumentara, y mi cabeza, entre la cerveza, la comida y el sueño, estaba embotada, él sí estaba espabilado, bastante. Bueno, discutíamos pero al final queríamos lo mismo.





Seguimos con la discusión más o menos, está bien salirse uno de su cabeza, otros puntos de vista, está bastante bien.

Volvió en el otoño, trajo regalos para todos y salimos a merendar por ahí. Hablamos de música y de conciertos y yo me acordé de la narración que él, una tarde de vaya usted a saber cuándo, realizó, una narración que se me quedó grabada. Se trataba del concierto que los Rolling dieron en Madrid en 1982, lo contaba con entusiasmo, con emoción en la voz y con brillo en los ojos y decía que era una tarde que amenazaba tormenta, una gran tormenta, y que la tormenta cayó, y que le pilló ya a todo el mundo en el estadio: cortinas de lluvia, gente por todas partes eufórica, rayos y truenos violentos, una luz fabulosa, sí, eso decía, el cielo espectacular y el escenario allí en medio, y cada cual, y eran muchos, cobijándose dónde podían o calándose directamente hasta los huesos. Y el concierto no se suspendió, en medio de aquella luz espectacular y bajo aquel cielo, aparecieron Los Rolling. Decía que no se le olvidaría jamás, que no había visto cosa igual en su vida, que el conjunto era sublime. Se lo recordé.
  • ¿Tocaron alguna del Aftermath? - le pregunté.
  • Sí, comenzaron el concierto con...
  • ¡¡¡No me digas!!!








miércoles, 2 de noviembre de 2016

¡Qué fuerte!


Nada, no las encuentro, no encuentro unas fotos que quiero poner aquí.
Llevo buscándolas intensivamente desde ayer (ahora ya antes de ayer) pero no hay manera, así que lo dejo por el momento, sé que me aparecerán, como me aparecen de vez en cuando pero ahora no les da la gana de aparecer. En fin.

Pues como no me dé prisa no voy a llegar (pues no llego, no, esto también lo digo ahora). Bueno,

2013, creo, verano.

Yon nos invitó a las fiestas de su barrio. Nos fuimos Yony, Yona, Elisa y yo, faltaba Yonia pero es que no es muy de estos líos. ¡Vaya nombrecitos que se me pusieron! “¿Cómo queréis que os llame en un blog que estoy haciendo?”  les pregunté el verano siguiente; “Yony”, saltó uno de ellos, entonces una de mis amigas dijo: “pues yo, Yona”, y la otra, animada con el asunto, “pues a mí llámame Yonia” y ya el que faltaba, como no podía ser de otra manera, dijo que él Yon. ¿Para qué os preguntaré nada?” les dije; “pues eso mismo, ¿no querías nombres?, pues ahí los tienes”. 

Bueno, compramos avituallamiento y partimos en coche hacia allá. Allí nos esperaba Yon con su familia y otros amigos (adosados, como nosotros).
Dejamos las cosas en su casa y acto seguido nos fuimos al lugar de reunión, un bajo destartalado con mucha historia. Y allí estaba todo el mundo agitado de aquí para allá haciendo cosas. Había muchos objetos sobre la gran mesa y gente de todas las edades.

-       Vamos a la cabalgata, vamos a salir en la cabalgata así que daros prisa que nos tenemos que disfrazar – nos dijo Yon.
-       ¿Que nos vamos a disfrazar? ¿Que vamos a salir en una cabalgata? - pregunté yo estupefacta.
-       Sí, todos los años lo hacemos así que venga, vamos que queda poco tiempo y hay mucho por hacer.

En total éramos unos veinte o más, yo qué sé, entre familiares, niños y adolescentes y amigos.
Empezaron a cortar telas que tenían por allí, y nos fueron haciendo el disfraz a medida (cada uno de  nosotros también colaboraba, claro, haciendo lo que podía, lo que sabía, y lo que se le ocurría a su imaginación), pues eso, que en cosa de una hora estábamos todos vestiditos, tocaba maquillaje.
Pues tres o cuatro de ellos, con mucha experiencia ya empezaron a maquillarnos a todos. Y tú que veías como iba el otro o la otra pues se te iban ocurriendo cosas sobre la marcha respecto al “acicalamiento”
En esas vi a un tipo pequeño pero robusto por allí charlando con familiares de Yon.
Y al poco comenzó a vestirse también; se colocó unas mallas ajustadas marcando paquete, una camiseta de lo que fuera, un chaleco como de motorista, una peluca heavy de melenaza negra... “Ojalá que éste sea uno de los nuestros” pensé para mí. Pues sí, era uno de los nuestros como constaté al poco tiempo. Terminó de vestirse colocándose unos cuernos de ciervo o de lo que fuera en la espalda, su mujer también, por la noche me contaron de dónde los sacaron, muy peculiar, nada macabro. Y ya para acabar se colocó unos zancos. Y partimos hacia la explanada.



Aquello era una explosión fabulosa de colores, un derroche maravilloso de imaginación, alegría y diversión por todas partes...¡BUAAAHHH!
TODO EL MUNDO estaba en la calle, o disfrazado o sin disfrazar, pero todos allí.
El que no iba de taza de café, iba de mantel, y el que no de papelera y el que no de monstruo y el que no de marciano. Nosotros íbamos de orcos.

Bueno, pues comenzó la cabalgata. ¿Cómo demonios había llegado yo a ese punto? En mi vida había salido en un desfile, ¡líbreme Dios! Pues allí estaba, en medio del asfalto, desfilando entre las dos hileras de sillas ocupadas por la gente de aquel sitio que nos miraban expectantes.

El de los zancos era nuestro líder.
Biennnn!!!!

Pues comenzamos a marchar y a bailar. Lo aprendimos pronto; había que moverse, sobre todo había que moverse, y esto era lógico, menudo muermo estar sentado y ver pasar a alguien andando y ya está, y también para ti era un muermo ir andando sin más, te daba tiempo a pensar en lo que estabas haciendo y a ver a la gente mirándote, y eso no era plan, había que ser semiconsciente sólo de eso, así que a hacer lo que hubiera que hacer, y lo que había que hacer era moverse, y moverse, en algunos momentos, sincronizada con el grupo.

Nos dirigían varios porque nuestro líder tenía mucho trabajo, iba en avanzadilla y con los zancos, pegado al coche que por un altavoz hacía sonar nuestra canción.
¡Dios del Cielo! Yo no daba crédito.
El tema era un tema heavy mezclado con música celta, yo qué sé, me sonaba de oídas pero a malas penas. Pues me lo aprendí rápido, vaya que sí, porque fue lo que escuché y bailé durante casi dos horas, eso y no otra cosa.

Primero bailabas como te daba la gana, luego te ponías en tu fila, (desfilábamos en dos filas), al poco te cambiabas de sitio haciendo un movimiento de zig-zag colectivo, todos, cuando nos daban la orden, pasábamos a la otra fila cruzándonos. Quedaba bien. Y después, a otra orden, hacíamos un corro, nos juntábamos y nos separábamos, nos quedaba fenomenal, y para acabar, nos decían “jaleo” y eso significaba que nos mezclábamos como moléculas descarriadas en divertidísima confusión, ahí casi te chocabas, no sabías para donde ir, el otro tampoco, así que había risas y sonrisas de vernos así todos a todos. Y vuelta a empezar. Vuelta a empezar el tema musical y vuelta a empezar el numerito. Y así dos horas. Bucle total, al final la coreografía nos salía de miedo.
Ah!, se me olvidaba, Yony y yo, en los momentos libres, desarrollamos nuestro particular numerito sin proponérnoslo. La cosa fue que Yony, que es tremendo, tremendamente divertido, tremendamente sociable, pues se dedicó a darles sustos a la gente. Iba vestido, por decir que iba vestido, pues llevaba un bañador y algo en la cabeza y en los pies, alguna piel sintética o algo de eso, yo no sé lo que parecía, pues lo que decía, llevaba en las manos una flecha y un arco o algo así, y en esas se le ocurre acercarse a alguien y simular como que le clavaba la flecha. El susto que se llevó la persona fue grande, luego él se quedo hablando y al final reían, entonces me acerqué a ellos y abaniqué a la persona, está claro que yo llevaba un abanico por todo complemento, bueno y pieles y todo eso, aparte de ir, que se me ha olvidado decirlo, embadurnados hasta las cejas de no sé qué mejunje que nos hacía parecer seres muy feos, bueno, pues le abaniqué y lo agradeció. Y seguimos desfilando.
Y a Yony se ve que le gustó, el caso es que me lo veo haciéndole lo mismo a una mujer, y allá que voy yo y la abanico, susto y aire. Se quedaban pasmados, las caras de la gente eran un poema, no se esperaban ni lo uno ni lo otro. Y ya Yony y yo le pillamos el gusto a aquello y fuimos, salvo en los momentos colectivos, desfilando de esta manera.



Y así transcurrió la cabalgata, yo creía que no iba a llegar hasta el final, pero llegué, llegamos todos.
Y al reposar en la plaza nos enteramos de la noticia: ¡nos habían dado un premio! 

Luego fuimos a la verbena. Al volver a la casa sonaba todavía la música de  la verbena y la de la barraca cercana. Un jaleo.

Me despertó una música, ¿qué pasaba ahora?
Era “La despertá”, me explicó después Yon, una banda de música que va por las calles al amanecer para ir despertando a la gente. A cuadros, me quedé a cuadros, si no hacía ni dos horas que se había acabado el baile. Pues nada. Allí bien espabilada.  Intenté seguir durmiendo.




-       Vamos, vamos que hay que desayunar e ir al lío, hay muchas cosas –dijo Yon.

Pues allí estábamos, delante de un puesto en el que los lugareños hacían salchichas, morcillas, etc. etc. y nada, pues a desayunar morcillas. Y teniendo así la barriga, y después de presenciar un concurso de bicicletas lentas y de beberse una paloma el que así lo quiso, Yon vuelve a la carga:

-         Vamos, vamos, que hay que ir a “la bañá”.
-         ¿Qué es eso?
-         Pues en la plaza instalan un camión cisterna y la gente coge cubos o lo que sea, los llena de agua y se monta una guerra.
-         Vamos, vamos - dije yo entusiasmada.

Y allí que nos calamos vivos todos a todos, desconocidos, conocidos, daba igual, o casi. Primero la cosa era tímida, entre conocidos, y comedida, pero de repente de echaban un cubo de agua por la espalda a traición. Puf! Lo pasamos en grande.

-         Deprisa, deprisa que ahora viene la mascletá.

¡Dios! ¡Qué agenda más apretada! Pues allá que nos fuimos. Estupenda.

Y por la noche concierto etc. Y paseo por las calles adornadas con mucho cariño y mucho primor. Y premios, premios.




Y al día siguiente nos bañamos en la piscina y desayunamos en un bar monísimo, sencillo y antiguo.



2015, verano.

Repetimos.


 

La familia de Yon volvió  a acogernos con calidez y cariño.
Pues allí estábamos otra vez.

-         ¿De qué vamos a salir este año? – dije yo.
-         Este año no salimos, no da tiempo.
-         OHHH!!!

Pero lo demás fue todo igual, igual de agradable y de divertido.

Vimos la cabalgata sentados esta vez.
 Y luego cenamos en amor y compañía todos los que íbamos y más, y nos fuimos a ver un musical espantoso. Se nos ocurrieron ideas.

Y después nos fuimos al concierto. Madre mía, yo estaba reventada y me hubiera ido a dormir pero ¡cualquiera lo decía! Así que fuimos hacia el lugar; estaba muy oscuro y a la intemperie, ya no me acuerdo bien. Debían ser unas instalaciones deportivas pero había muchas zonas de chinarro y yo iba con unas sandalias de cuña, digo esto porque constituía un problema: había tanta gente y tan próxima debido al éxito del grupo que no tenías casi espacio para ti, total: las sandalias pisaban piedras y toda yo quedaba inclinada en un tenso equilibro cada dos por tres. Tenía mucho sueño. Avisé y me retiré hacia un lateral, allí no encontraba donde sentarme pero vi un palé muy próximo al escenario, y allí que me senté. Yona me acompañó a ratos.

El sueño me invadía más y más, y me dolía todo, así que no pude resistir la tentación y me incliné, y  al muy poco tiempo estaba ya en posición horizontal; pues sí, se estaba fenomenal en aquel palé tumbada a lo faquir mirando el cielo y oyendo la música, que se escuchaba tan fuerte que apenas se distinguía lo que cantaba el cantante, pero en esas, escuché “tu novia es más fea que los pies de otro”, y me incorporé y miré a Yona: “¿Ha dicho la frase tu novia es más fea que los pies de otro, ¿lo he entendido bien?”.  Ella asentía riendo. Y ya, a pesar del cansancio, presté de vez en cuando atención a lo que cantaba aquel hombre, y era un disparate detrás de otro. Alguna vez me incorporé y me acerqué para verle, impresionante. Total, que me quitaron parcialmente el sitio y tuve que compartir el palé. Se acercó una chica, vale, cabíamos las dos. En esas se levantó, estupendo, lo tenía para mí sola, pero al poco siento como si me catapultaran: se había sentado un hombre joven, grandote, me dio un susto, se disculpó, me preguntó que si me encontraba bien, le dije que sí, y allí seguimos.
Al poco rato se me acercó una chica muy amable que me dijo: “Señora, ¿está usted bien?” Era del personal de enfermería de la ambulancia que había por allí. “Sí, sí, muchas gracias.” Supongo que pensarían que estaba hasta arriba de todo, pues no, si me hubiera tomado una simple cerveza me habrían tenido que llevar a la cama directamente.



                                                                    Mi novia

 En fin, no son lo más exquisito del mundo ni falta que hace. Temas como Yo la tengo más grande que tú, Chow Chow, Qué gueno que estoy, Soy gilipollas, etc. son algunos de los que escuché allí, ¡qué disparate!

Dejo aquí otro más: "Hola, Spiderman, baja de ahí que te vas a caer, hay que ver la manía que tienes que te lleva to el día enganchao... de la pared. ¡Baja, baja! Estamos esperando que vengan a atracarnos las alimañas de la noche..." No tiene desperdicio, y con música psicodélica a lo Pink Floyd,  y encima tocaban bien. La gente estaba entusiasmada.




Acabó el concierto, ahora tocaba la verbena, yo me retiré, era demasiado para mí. Me acompañaron hasta la casa, me dejaron allí y se fueron un rato de baile.

En la casa, en el sofá del salón en el que dormía, se escuchaba otra vez la música de la verbena por un lado y la de la barraca cercana por el otro, y además la del concierto. No comment.
Los escuché llegar, no me dormí hasta después, muy muy de madrugada.




2016, verano.



Pues por tercera vez allí, ya somos acoplados veteranos, pero este año se ha unido una pareja de acoplados: un canadiense loco por los bonsáis, razón por la que vino a estas tierras, su mujer tailandesa y los niños.

En el lugar de reunión había el mismo jaleo de siempre y más. Después de comer me fui hacia la casa a echarme un poco la siesta, siesta que no pude dormir porque Alfredo, un gato cariñosísimo como el que más pero más loco que una cabra, mucho más, mucho, me estuvo tomando el pelo durante 45 minutos. Yo quería dormir la siesta y el muy canalla no se quería salir de la habitación y se metía debajo de un mueble; intenté sacarlo con una sábana, llevándolo hacia la puerta, nada, cuando estaba a un palmo de la puerta se olía el asunto y se metía debajo del mueble que estaba justo al lado. Y luego lo intenté con un libro, que le gustaba mucho, tampoco, y me daba pena, sólo quería jugar, y luego se iba hacia la jaula del canario y  bájalo de la mesa, y luego vuelta a empezar. Al final los llamé por teléfono, se descojonaron, eso ya lo sabía yo, estaba claro.
El gato no hacía nada, me dijo Yon, lo podía coger con total tranquilidad que no arañaba ni mordía ni nada. Ok. Pues eso hice, al segundo estaba en el pasillo. Ay qué fácil era, claro, una vez que se sabe que semejante chalado no es agresivo. El resto del tiempo ya me lo tiré, cuando estaba con él, jugando y acariciándolo.







Al rato se presentaron en la casa:

-         Venga, Mariplatónica, date prisa que vamos a desfilar.
-         ¿Qué? ¿No decíais que este año tampoco, que no daba tiempo?
-         Sí…pero hemos decidido hacer algo express.
-         Biennn, qué bien. Bueno, vale, ¿y de qué vamos a disfrazar este año?
-         De calaveras mejicanas.
-         ¿De calaveras mejicanas habéis dicho?
-         Sí, de muertos mejicanos.

Risas.
Y salimos disparados.

 Escoger las flores. Cada una escogía sus flores, y maquillaje. ¡Puf, vi que Lola llevaba el rostro maquillado maravillosamente, así que hice porque me maquillara ella; yo escogí los colores, que ya no quedaban demasiadas, y se las di las flores y me puse en sus manos, y ya ella hizo lo que consideró. 



Y hala, a bailar, como si nos hubieran dado cuerda.

La tailandesa desfilaba feliz recordando su país; la tenía en frente, era como mi pareja de baile más o menos. Nuestras miradas se cruzaban cuando íbamos haciendo  el zig-zag,  y menudo lío esta vez, la mitad de las veces alguno se/nos equivocábamos e íbamos en la misma dirección. Ay, señor. Pues la risa por el desastre, y la gente mirando y nosotros descojonados intentando remediar el asunto. Y luego al centro, todos al centro, eso se nos seguía dando bien,  y luego las chicas adolescentes, y luego los chicos, y luego jaleo hasta que nuestra jefa,  Paula, una chica de 14 ó 15 años con una capacidad de organización fuera de lo normal (y más para dirigir a semejante grupo)  pues nos volvía a convocar para el siguiente rizo del bucle.

Los de la batucada eran fabulosos, nos pusimos detrás de ellos porque queríamos marcha, íbamos los primeros, no problem, venga, vamos.                        
                                             
 En esas oigo un grito:

-         ¡Mariplatónica! ¡Mariplatónica!

“Cielos” -pienso yo-, ¿quién demonios me conoce aquí? ¡Horror!

Era una de mis minestrone, una de mis alumnas minestrone.

-         ¡Lucía! Ja, ja, ja.., ¿Es que eres de aquí? – le decía yo mientras nos besábamos.
-         No, mi tío, ¿y tú?
-         Tampoco, estoy invitada por un amigo.
-         Ahh!!
-     Bueno, nos vemos. Lleva cuidado no se te quede la cara coloreada del maquillaje. ¡No le digas a nadie que me has visto, bah, díselo a quien te dé la gana!
Se reía. ¡Qué alegría me llevé!

Me uní al resto del grupo y continuamos con lo nuestro muy concentrados, o lo intentábamos. Al dar una curva una mujer me preguntó “¿de qué vais?” y yo le contesté  que de “muertos mejicanos” y acto seguido le dije: “pero yo española, mejicana o lo que usted quiera pero de muerta, nada” y repetí "pero que nada" y se rió y yo también y  proseguí mi marcha.

A medio camino me dio un ataque de hipocondría. Me dolía el pecho, no quería hacerle caso pero me dolía. Llegué hasta el final, pero ya en la plaza me cogí del brazo de Yony y le confesé lo que me pasaba, en tono de broma pero de verdad, claro, y él me calmó en seguida: “eso nos pasa a todos, no es nada”. “Vale”, le dije yo, “ y si hay que irse… ¡pues nos vamos!”.

Y lo demás fue como estaba previsto por la tradición.
Bandas sonoras al salir a desayunar, y petardos, y de todo. “Deprisa, deprisa que hay que ir a dónde los huevos fritos”. Venga, ahora un huevo frito y una larga cola que marchaba fenomenalmente rápida; ellos se comieron dos o tres: sal  pimentón y aceite de oliva,¡ buenímo! Me tiré una parte encima del bolso al chocarme con alguien, ¡vaya por Dios! Anda que ese bolso... y luego a la mascletá, esta vez no me he tapado los oídos, me dijeron que era muy perjudicial, que había que había que abrir la boca,

Estábamos casi en primera fila. Fue  difícil grabarla, concentrarse y no salir corriendo del estruendo y del temblor.







Por la noche no fui al concierto, imposible. El lío musical era descomunal y el volumen espantoso, espantoso. Cigarro para arriba, cigarro para abajo apoyada en la ventana, me puse mi MP3.
Esta vez no oí la despertá.




Y al día siguiente hicimos lo que correspondía y ya por la tarde nos dimos un baño en la piscina.

Ya estaban ellos allí, yo me tumbé un poco aparte, necesitaba silencio.
Niños y adolescentes chillando, gritos agudos, sonido de cuerpos que se lanzan al agua desde el aire, chapuzones.  Me molestaban, hasta me irritaba, pero al muy poco no me molestaban los gritos, ni los chapuzones, ni las conversaciones de alrededor, al revés, era un placer, sentía un placer. La vida pesaba poco otra vez.




sábado, 15 de octubre de 2016

Retorno a Brideshead

¡Uf! ¡Que no llego!




Me extrañaba que no hubiera sucedido antes.

Cuando apareció Facebook proliferaron los reencuentros y casi todo el mundo antes o después se juntaba con los de su promoción: “pues hicimos una cena y fuimos al tal sitio...” Me daba un poco de tristeza o algo así que a las mías no se les ocurriera pero lo prefería.

Escuché un rumor hace años de que mis compañeras de promoción estaban moviendo algo... “Bueno...” pensé, y me alegré de que alguien tuviera la iniciativa, era alegre aunque aquello seguía sin ir demasiado conmigo.

Pues al final va a ser que sí, o mejor dicho, es que sí.

En el verano Ninguna me dijo que se había formado un grupo. “¿Retorno a Brisdeshead?” le dije, “Ya veremos, ahora mismo... “, y luego me llamó otra amiga, y ya Jazmín estaba en el ajo, y luego me llamó otra compañera.

Un mañana de julio fui a una óptica . Allí me probé por primera vez unas lentillas. ¡Pobre chica!, una de las lentillas desapareció, me harté y me la quité no sé cómo; buscamos y buscamos y no apareció, y me miró el ojo veinte veces de veinte maneras. Me llamó por la tarde preocupada: “No te preocupes, he sido yo la manifacera... - le decía yo - ,“No, si no te va a pasar nada, llamaba sólo por saber...”. Al salir de allí tomé un camino no habitual porque no suelo ir a esa óptica y pasé por la puerta del colegio. Me paré, me acerqué a la puerta, miré el interior: allí estaba el hall con sus mármoles o lo que fueran aquellas baldosas o losas que cubrían no sólo el suelo sino las paredes. Su tamaño eran ínfimo, ¡tan grande como me parecía cuando iba allí! Y vi también una chispa del patio donde formábamos fila para subir a las aulas y en el que tantas veces he hecho el pino (recuerdo comer, salir disparada al colegio y lanzarme contra la pared hasta que ya no me quedaba sangre en los piés. Aguantaba mucho y me gustaba retarme a mí misma, ver cuánto aguantaba cada vez y ver el mundo desde esa perspeciva, me lo pasaba bien). Luego iban viniendo el resto de compañeras y empezábamos a jugar al mate. ¡Qué digestiones! Y luego a las aulas.

Sentí una fuerte emoción, como muda. Me detuve muy poco tiempo allí y seguí mi camino.

Al final, autoricé no hace ni un mes a Ninguna a que me incluyera en el grupo de wasap que habían formado ya en junio.

La bienvenida fue muy calurosa:

“¿Te acuerdas las panzás a reír que nos dábamos” -me decía Rosita-. Ya no las recordaba pero, al decírmelo ella ¡vaya que si me acuerdo! Eran descomunales, una tarde sí y otra también. Rosita era supergenial. Y luego otra, Marga, aparentemente ruda, nada de eso, entrañable, muy entrañable. ¡Puf! Anda que no nos tiramos nuestras buenas parrafadas, y eso que teóricamente éramos la antítesis, bueno, pues no lo éramos. Y luego Pepa y Luisa, con las que pasé horas y horas de juego y de conversación, y el grupo de las divertidas, y el de las más mayores etc. etc. Y luego, me siguió dando la bienvenida otra compañera que me decía “me acuerdo de cuando me ayudabas a hacer los deberes de matemáticas”. “¿Qué?”- me dije yo asombrada- , “ ¿yo ayudaba a Tina en matemáticas? ¡Alucinante!”. Pero sí, pensándolo bien, por qué no, se me daban bien por aquellos entonces. ¡Las matemáticas! Valdría la pena vivir otra vida para conocerlas. Las matemáticas me parecen una de las cosas más raras con las que nos las vemos los seres humanos: ¿Qué son?

Los niños y las niñas estábamos separados. Los recreos eran a horas distintas para que no nos juntáramos. Recuerdo que las profesoras, de las que tristemente no guardo un buen recuerdo en general, miraban mal a mis compañeras más mayores porque no las sometían y además se ponían tacones y hablaban con los chicos.

En el mes de mayo había que llevar flores a María sí o sí y cantarle. Y cuando murió Franco rezábamos el rosario los miércoles por la mañana a primera hora, lo cual era un descanso para mí porque me liberaba de tener que salir voluntaria en la materia que fuera. Era un poco cansino.
Y recuerdo también que los viernes por la tarde, antes de salir disparadas, sonaba por unos altavoces el Cara al Sol, y lo chicos lo cantaban formando filas con el brazo levavantado militarmente y a nosotras nos obligaban a ponernos en pié mientras sonaba.

Pasaban muchas cosas.

En fin, en esos años da tiempo a relacionarte mucho con mucha gente, y ya se sabe que las relaciones de esos años están grabadas en la memoria por muchas capas de polvo que hayan caído encima.

Decir que entrar en el grupo fue emotivo es poco, y no exagero un ápice, fue más que emotivo, fue un shock; un shock ya de por sí al ver aparecer una tras otra a las antiguas y queridas compañeras, un shock por no recordar las caras, los nombres, sí, los nombres estaban en la memoria profunda pero las caras no, imposible, y eso era raro, extraño. Y luego vino la conversación, y como la vida es como es, pues allí se vivía la vida, y la vida es como es. Lo que yo vi fue una ola de amor colectiva, tampoco exagero, nada, no exagero nada, y no una ola, sino una tras otra. Indescriptible. Mucho calor, mucha luz.

Y lo mismo aparecían los hijos, que los maridos, que los perros, que las recetas de cocina, que los trabajos (pero poco), que la bisutería y las manualidades (una de ellas puso una foto de una marioneta que tuvimos que hacer, ¡madre mía!, el primer suspenso de mi vida fue aquella marioneta que no me salía ni a tiros! Ya no me acordaba. Y tambien aparecen los tios buenos (Brad Pitt, George Clooney, etc.) que no son mis preferidos pero es divertido. ¡Un chat de casi setenta mujeres! Pues engancha, no puedo leerlo porque al día fácilmente pueden llegar 100 mensajes ó 200, imposible, pero lo hojeo cuando puedo. ¡Un día llegaron 400!

Bueno, pues estamos todas hechas una piña, es raro pero es así. Y estamos todas supercontentas. 

Mañana, qué digo, hoy, habrá un evento, una comida. “¿A qué estáis todas pensando en lo que os vais a poner?” dijo una de ellas divertida. ¡Pues lleva razón!, digo yo, porque yo me lo planteé un día: “¿qué me pongo?”. Pues ni idea. Y hay que llevar una foto colgada de cuando teníamos doce o trece años, a ver si encuentro algo por ahí. Me río del jaleo que se va a montar. Vi un par de fotos de la comida que hicieron en julio y no reconocía a nadie. Me pidieron foto, mandé la foto “rockera”. Me reconocieron camuflada tras las gafas según decían.

Bueno, es bonito y especial, lo es. Cuando vi lo que vi, y sigo viendo lo que sigo viendo, yo, que apenas intervengo, hace unos les dije que éramos una promoción estupenda, que no las cambiaría
por ninguna otra, y es absolutamente cierto.

De vez en cuando ponen un contador que marca los días, horas y segundos que quedan para el evento, y una de ellas puso este video y me hizo gracia, y lo he desempolvado hoy, porque va tan petado el móvil que no puedo ni ver los videos.



                                                                     Europe, The Final Countdown

La lentilla apareció al día siguiente: yo dormía y en sueños me restregué los ojos, y me desperté súbitamente con una cosa viscosa pequeña entre los dedos. Llamé a la chica de la óptica: “misterio resuelto” le dije, y se rió aliviada.

Dejo aquí una canción que cantábamos en coro, eso era por las tardes de vez en cuando. Villancico pañameño, himnos, canciones populares de otros países... bueno, recuerdo ésta, nos salía muy bien.



                                                           Star Trek, Row row row your boat


Creo que han dicho de ir a un karaoke después, creo. Pues si es así la propondré.




No he visto el chat en días, está que arde: entre ayer y hoy van como 500 mensajes de lo más diverso. Ahora mandan fotos de aquellos tiempos de lo más pintorescas y te mondas de risa. Ya las veré con tranquilidad. Mañana las veré a ellas, recordaremos el viaje de estudios y diez mil cosas más. Eso me recuerda que tengo alguna foto de ese viaje en un paseo montadas en burrro en Torremolinos. Mi burro se adelantó, cogió camino y se fue a su aire y cada vez la distancia era mayor, y las demás por ahí detrás y yo en el burro sin saber qué hacer mirando para atrás... Ja, ja, ja. Si la encuentro la pongo.

domingo, 2 de octubre de 2016

No es importante

Es domingo, domingo por la mañana, miro por la ventana y hace un bonito día. Me iré al balcón.

¡Qué tranquilidad! La verdad es que cada vez me gustan más los domingos por la mañana. Sea donde sea la vida transcurre con algo diferente, se aprecia mejor el aire, los sonidos... oigo los ladridos de los perros del vecindario...las cañerías de la ducha del vecino de arriba... pues me gusta.




Ya van dos domingos escuchándola.

La descubrí cuando andaba buscando las “músicas nostálgicas” que nos visitaron a Violeta y a mí en el club naútico. Seguían siendo preciosas y seguían siendo sobredosis, y en esas, me apareció en el lateral de youtube unos videos de unos tal Riddim Cats. Ni puñetera idea. Pues cliqué, y primero fue en un tema que se llama Cuando, y me resultó extraño pero me hizo gracia, así que cliqué en la siguiente, En mis sueños, y me gustó también y por lo mismo, cantaban igual de mal, el sonido era algo ratonil y refrescaban mucho la cabeza. La primera vez que la escuché me dije “¡Cómo pueden cantar así de mal y no importarles! ¿es que nadie les ha dicho nada?” Y en la siguiente ocasión, pues empecé a plantearme que a lo mejor yo no me enteraba mucho y que quizá no desafinaran tanto porque, desde luego, en la escucha inicial así me lo pareció: ¿cantaba el chico? desentonaba, ¿cantaba la chica? desentonaba ¿? 
 
Volvi a oírla otra vez el domingo pasado y empecé a pensar que lo hacían a propósito, que cantaban así a propósito, rarito pero bueno, igual la cosa era así.

En cualquier caso me encanta como cantan (que sigo creyendo que es un poco bastante mal), me superchifla, así que me he hecho fan aunque sólo he oído esas dos canciones y no sé si escucharé alguna más. Por ahora todo bien.





El otro día tuve un sueño estupendo, fenomenal.




Era de noche y yo me encontraba en alguna parte a la intemperie con el cielo encima y algo en él captó súbitamente mi atención: un objeto grande con forma de disco y muy luminoso comenzaba a girar sobre sí mismo en sentido horizontal, los giros alcanzaban en fracciones de segundo una velocidad vertiginosa, yo no daba crédito, y sin tiempo a asimilar nada, el objeto cambiaba de posición y en un brusco movimiento volvía a girar sobre sí mismo pero esta vez en sentido vértical, y cuando alcanzaba otra vez esa prodigiosa velocidad desaparecía de golpe y porrazo. FIUUUU!!!!




Y yo me decía en el sueño: "¡Es verdad! Lo que cuenta la gente de los ovnis al final va a ser verdad, ¡lo acabo de ver!"